Libertad e ideología en la Venezuela moderna.
Luis E. Villegas N
1. Presentación.
La liberad es una condición que ha acompañado al hombre desde tiempos tempranos. Su definición es compleja, no única. Cada época y período le ha dado su énfasis correspondiente a las circunstancias históricas vividas. Su definición conceptual más referencial se produce con la Revolución Francesa (1789) al ser derrotado el “antiguo régimen”; es decir, al haber conquistado nuevos espacios para el ámbito de la política e institucionalizar el concepto de ciudadanía.
Superar el ámbito de lo teórico y llevar al concepto libertad al terreno de la práctica es una de las contribuciones históricas más importantes que el movimiento social y revolucionario ha producido, así como la sistematización hecha por la Filosofía Política. La presente reflexión tiene como objeto abordar la temática en torno a la libertad y la diferenciación entre imaginario político-cultural e ideología a partir de la experiencia histórica venezolana, que a continuación reseñamos en algunos de sus rasgos fundamentales.
2. Elementos generales constitutivos del ser venezolano.
La Venezuela moderna emerge con el advenimiento del petróleo en las primeras décadas del siglo XX. Este hecho rompe con toda la dinámica político social con que finaliza el siglo XIX. La historia siguiente, que cubrió el siglo XX, y aún el XXI, estuvo signada por el petróleo. La ruptura histórica produjo un nuevo escenario donde donde se dejaba atrás un proceso de vida rural que caracterizaba a población, a un proceso de cambios radicales que exigía la modernidad, la cual constituía la nueva realidad donde estaba entrando el país, sin preparación o evolución previa.
El imaginario político cultural de la población se desdoblaba en dos grandes períodos; por un lado, el de la libertad conquistada por la independencia, la formación social en el contexto de guerra producto de las montoneras como luchas por el poder en la recién nacida república, un lento proceso de formación social que se constituía y culminaba a fines del siglo XIX. Del otro lado, la irrupción del petróleo que transformó radicalmente al país en otra historia dándole nueva fisonomía y una nueva cosmovisión del mundo moderno.
La literatura y el desarrollo político social dan cuenta de esa transformación. Ramón Diaz Sánchez nos narra el primer período de la explotación petrolera con su novela Mene (1936), la cual constituyo la primera novela venezolana del petróleo. Adriano González León da cuenta de la formación del venezolano en la cultura del petróleo, describiendo la memoria de un país marcado por la violencia y las heridas de su historia; herencia que llevamos a cuestas los venezolanos, con su novela “País portátil” (1968)
La impronta del petroleo también se nos muestra en la cotidianidad de un período de auge petrolero que al mismo tiempo producía una inmensa riqueza, también producía pobreza, acentuando las contradicciones político sociales que culminaron en estallido social dada las desigualdad social. El 27 de febrero (1989) “bajaron de los cerros”, los barrios de marginados, reivindicando justicia en un país de inmensas riquezas producidas por el petróleo. Bajo un estado de sitio y suspensión de garantías, se desató una terrible matanza de pobladores que alcanzo una cifra de más de tres mil asesinados por las fuerzas armadas del gobierno. Las cifras oficiales reportaron “alrededor de tres cientos”, muchos de los cuales debieron ser enterrados en fosas comunes, en un lugar denominado la peste dentro del cementerio. Ese espacio se convirtió en un referente como testimonio de la masacre.
La fisonomía de país rico, dado el período de bonanza petrolera que se vivió, y el consumo desenfrenado de ciertos sectores sociales, generó la imagen de país consumidor creada por el venezolano en los viajes a Miami y las compras en los establecimientos comerciales, donde se identificaban a los venezolanos por la frase común: “ta barato dame dos”.
La cotidianidad del viejo puerto, cuyo pueblo había transformado el petróleo, también daba cuenta del proceso transformador que asistía a la Venezuela petrolera. La tecnología se anteponía a la necesidad del imperativo urbanístico. En las tardes, en algunas esquinas del viejo pueblo-puerto, se veía a algunos de sus habitantes sentados a la sombra, en pequeñas sillas de extensión, que instalados en algunas esquinas contemplaban como los automóviles se detenían y continuaban su marcha al compás de las luces del semáforo que ricen habían instalado la municipalidad
¡Es cierto que nuestra nuestra impronta humana es Caribeña; pero más aún, socialmente petrolera!
3. La idea de libertad
La libertad es un atributo de la Condición Humana, y en tanto que tal, la encontramos como factor constitutivo del hecho humano en la diversidad de sus expresiones. Decir libertad es referirnos a un complejo proceso de definición de una categoría que ha estado involucrada en la historia del hombre, en tanto que individuo o ser social. Dos ámbitos están implicados en su definición; uno, el correspondiente al propio concepto; dos, la relación con el hecho que determina el marco general histórico de comprensión de dicho concepto.
La libertad implica acción, construcción, edificación de la idea, más allá de lo meramente conceptual teórico, tal y como se expresó en la Revolución Francesa (1789) al conquistar la ciudadanía. Decir libertad es referirnos a un complejo proceso de definición de un atributo humano que ha estado presente en la historia del hombre, en tanto que individuo o ser social. Dos ámbitos están implicados en su definición; uno, el correspondiente al propio concepto; dos, la relación con el hecho que determina el marco general histórico de comprensión de dicho concepto.
La historia humana nos señala que por la necesidad de supervivencia hizo que el hombre se viera obligado a juntarse y más allá, constituir desarrollos a diversos niveles conformando así sociedades. Una de las expresiones de ese desarrollo en la antigüedad griega, lo representa la polis griega, la ciudad-estado. El hecho de la necesidad del otro implica en un sentido, que se condiciona lo que se entiende por libertad en sentido abstracto.
Todo hombre nace dentro de una configuración social dada que le determina a sí mismo y a los espacios que pueden contener la libertad. Nacemos dentro de una cultura que nos configura, que nos provee un determinado cosmo donde se esta integrado; es decir, a un mundo dado desde el cual interpelamos la libertad.
Los desarrollos históricos sociales con sus implicaciones políticas tiene en común la reivindicación de la libertad. La acción viene a ser una especie de mecanismo de concreción de la idea libertaria tal y como ocurrió en la Revolución Francesa con su conquista de la ciudadanía y los derechos humanos.
También hay que considerar que la experiencia histórica de los pueblos muestra que muchos de los procesos denominados revolucionarios terminaron en la constitución de Estados despóticos después de haber esgrimido la bandera de la libertad. De ese modo en muchos casos, encontramos que se ha producido un doble discurso de medias verdades que desdibuja la realidad bajo un manto ideológico que se presenta como lo real, impactando la mentalidad o la conciencia de una población dada.
Una larga polémica envuelve la comprensión del concepto que divide el enfoque entre antiguos y modernos. Los primeros consideraban la libertad en torno a la participación directa en la vida pública y el ejercicio del poder entre los ciudadanos. Los segundos la entienden como liberad individual, basada en la seguridad de libertades privadas. El punto de inflexión histórico lo representan la revolución francesa y la revolución industrial, que produjeron la separación de las monarquías absolutas por el Estado de Derecho y en lo económico la emergencia de la burguesía enfocadas en la esfera privada y el ámbito individual.
Como un primer acercamiento a la idea de Libertad podemos decir que se entiende como la capacidad humana de actuar según su propia Voluntad. Esta facultad es natural y le lleva actuar en un sentido u otro, con la responsabilidad de asumir sus propios actos. Se caracteriza la Libertad como un valor y un derecho humano.
Podemos decir que, en primera instancia, esta conformada por tres variables: Uno, un fundamento que implica la capacidad humana de ser libre y responsable. Dos, debe estar caracterizada por la ausencia de restricciones; es decir no ser esclavo, ni preso, ni estar bajo subordinación forzosa. Tercero, la Libertad tiene límites en la relación con los otros, debe existir un interés común, respeto a las leyes y ausencia de perjuicio frente al otro.
Esta panorámica de la noción de libertad adquiere su expresión coherente en algunos casos y contradictoria en otros al situarla en la experiencia real concreta. Es esta la circunstancia que rodea la polémica en torno al concepto de Libertad que ocupa a filósofos y especialistas, y en general a la dinámica de la política.
4. Perfles de la idea de Libertad.
Aún cuando la libertad ha estado presente en el hecho humano desde lejanos tiempos históricos, las perspectivas en que ha sido abordada su definición ha sido diferente según sea el período al cual nos refiramos. La cuestión central es encontrar un sentido no contradictorio que lleve a explicar “cómo los seres humanos actúan de manera autónoma sin coerción externa y con responsabilidad”.
Debe tomarse en consideración el enfoque que se establece para la reflexión, ya que puede darse en un contexto estrictamente teórico o con referencia a la estructura social en cuestión. La reflexión sin tomar en cuenta la estructura social implicaría concebir la Libertad como una capacidad individual absoluta e intrínsecas, donde no habría coacciones , normas, etc. Sería pues una reflexión en la autonomía absoluta y no en la libertad condicionada de normas colectivas.
Son varios los filósofos y filosofías que han abordado la noción de Libertad de allí la amplitud que encierra el término; más aún, no han podido circunscribirla a un concepto determinado. En la polémica de la modernidad sobre este tema es referencia la reflexión Isaiah Berlín (1909-1977).
El concepto de libertad en Isaiah Berlin se basa en la distinción entre libertad negativa y libertad positiva. La libertad negativa es la ausencia de interferencia externa de otros, como el Estado, en las actividades de una persona. La libertad positiva es la libertad para ser el propio amo, es decir, la autonomía y el poder de actuar de acuerdo con la propia voluntad y tomar el control de la propia vida.
Los elemento que conforman la libertad negativa comprenden, el espacio en el cual el hombre puede actuar sin obstaculizado por otros. Se entiende por obstaculizar cuando hay deliberadamente la acción de otros hombres interfiriendo en la acción de alguien que de no existir, el individuo involucrado podría ejecutar su acción o deseo. El concepto implica que cuanto mayor es el espacio de no interferencia, mayor es la libertad; sin embargo, este espacio no puede ser ilimitado, porque se entraría en contradicción en dos sentidos; primero que entonces la acción de los hombres se obstaculizarían entre sí. Segundo, que las libertades de los débiles serían suprimidos por los fuerte.
Como se ha señalado existe una larga polémica en la historia de esta perspectiva del concepto que puede identificarse en la historia. Tanto filósofos franceses como ingleses plantearon como salida que debía regularse a través de la Ley las acciones libres, pero manteniendo un espacio mínimo no inviolable de la libertad personal que no podría ser violada por ninguna razón. Otro elemento a considerar es la cuestión de la pobreza que hace incoherente los derechos políticos entre los que viven en estas condiciones. Poblaciones desnudas y analfabeta no tienen condiciones de mantener sus derechos individuales.
Isaiah Berlin señala que la cuestión no es que la libertad difiera de las condiciones sociales como problema principal, sino que aquellos que la posean sean a expensas de la explotación de los otros que no la puedan tener. Es decir, implicaría sacrificarla libertad en aras de la justicia.
En cuanto a la libertad positiva estaría representada por el deseo del individuo de ser su propio amo y señor. Es decir, decidir por si mismo: sería un esclavo si otro decide por el. Nuestro autor ve en estos dos conceptos que se les consideran, aparentemente complementarios, más tienen sentido diferentes y entran en conflicto. Dos razones de ello son; primero, la existencia de un yo racional de la naturaleza de un ser superior del individuo; segundo, un yo irracional vinculado a lo empírico, los deseos y las pasiones.
El yo autentico iria más alla del del individuo, conformandose en totalidad social donde el individuo forma parte. La colectividad que se identifica como totalidad verdadero yo. Según nuestro autor, el individuo puede ser coaccionado en aras de un interés colectivo, donde se valora cuales son las verdaderas necesidades individuales.. Según Berlin esto sería una monstruosa suplantación.
Kant y la Libertad. La idea de la libertad esta concebida dentro de la perspectiva de la filosofía Crítica o Idealismo Trascendental. Forma parte de un razonamiento que, en tanto que sistema, da cuenta del entendimiento humano. Es decir, es un concepto que forma parte del entramado del sistema que pretende explicar como el hombre conoce superando las limitaciones del empirismo y el racionalismo. Desde este marco aborda el problema de la libertad de manera distinta a otros filósofos que asumen la reflexión sobre ella como cuestión central de una problemática de orden filosófico.
Como es sabido, en su filosofía Kant diferencia el ámbito de lo fenoménico y el del noúmeno. Es decir, lo fenoménico como la manifestación del mundo a través de los objetos es percibido por los sentidos y nuestra mente estructura esas percepciones a través del Espacio y el Tiempo. La “cosa en sí” es la realidad en tanto que realidad, independiente de nuestra percepción. Para Kant no es la mente la que se adapta al mundo, son los los fenómenos los que se adaptan a las estructuras cognitivas de la mente. Los fenómenos son los que se nos aparecen y a partir de ellos podemos conocer, mientras que el noúmeno o “cosa en sí” es inaccesible a la experiencia humana.
En Kant la libertad se le define como “la autonomía de la voluntad”. Eso quiere decir que la voluntad es una “ ley para sí misma”; es decir, dependiente de influencias externas, sean estas, impulsos, deseos, o leyes físicas. La libertad kantiana no es hacer lo que el sujeto quiera, sino actuar conforme a la razón y la ley moral, regirse por las pautas que marca el imperativo categórico. Kant centra la libertad en el auto gobierno moral o autonomía y la capacidad noúmenica de actuar fuera de la necesidad natural.
Como vemos, estamos frente a una definición compleja que es materia del análisis del Idealismo Trascendental, en tanto que estudio de los límites y capacidades de la razón humana. Kant diferencia mundo fenoménico y noúmeno o “cosa en sí”. En el ámbito del primero se produce el conocimiento humano; en el segundo, se platea que el conocimiento es inaccesible a la experiencia humana,
Kant al definir la libertad como la autonomía de la voluntad sitúa el análisis en el ámbito de lo trascendental; es decir, en el estudio de las condiciones a priori, previa a a la experiencia necesarias al conocimiento posible. Conocimiento éste no enfocado a objetos sino en la estructura de la mente humana. Así, pues, plantea la libertad como trascendental.
Desde esta perspectiva va a referir al ámbito de lo noúmeno, a pesar de haber sido definido como inaccesible al conocimiento humano. Estamos, púes, en el terreno de las antinomias, aspecto que es abordado en la sección correspondiente a la Dialéctica trascendental de la Crítica de la Razón Pura, donde se analiza las ilusiones de la razón cuando pretende conocer más allá de la experiencia.
En su análisis Kant plantea que sólo podemos conocer dos clases de causalidad en relación con lo que sucede: Lo que deriva de la naturaleza y lo que procede de la Libertad. (B561) La causalidad que deriva de la naturaleza establece la relación causal dentro del mundo de los sentidos, estableciéndose un estado con otro anterior, esto conforme a una regla. En este ámbito de los sentidos, la causalidad se genera en condiciones de tiempo; por tanto, la causa de la causa no se podrá encontrar, ya que la serie sería infinita; es decir, no habrá en este contexto de lo sentidos, una causa de la causa como causa última.
La causalidad que procede de las libertad se define como aquella que tiene la capacidad de iniciar por sí mismo un estado dado. Kant lo llama libertad en sentido cosmológico o libertad trascendental. Es necesario diferenciar esta concepción de la perspectiva cosmológica aquella que Kant critica a la metafísica, donde el argumento cosmológico busca probar la existencia de Dios basándose en la contingencia del universo; “ el universo necesita de una causa primera necesaria”. Estas pretensiones de conocer fallan porque están en el ámbito de “la realidad en sí” (noúmeno); es decir, fuera de las formas de la intuición.
En la perspectiva kantiana el sentido cosmológico de la libertad (trascendental) es capacidad absoluta de iniciar un estado por sí mismo sin estar determinado por causa anterior. Es una idea de de la razón necesaria para pensar la posibilidad de la moralidad, no demostrable en el mundo físico. Kant introduce el concepto en la tercera antinomia donde contrasta causalidad natural con libertad. La libertad es una idea pura, trascendental que no contiene nada de la experiencia, que su objeto no puede darse de modo determinado en ninguna experiencia.
La reflexión sobre la libertad en Hannah Arendt la encontramos en varios textos de su prolífica producción intelectual. Un escrito donde aborda directo la temática la encontramos en un ensayo de 1954, que fuera publicado más tarde en un libro que lleva por título “Entre el pasado y el futuro, ocho ejercicios sobre reflexión política” (*) Es una reflexión cercana a la publicación de su obra monumental “Los orígenes del totalitarismo” (1951) que busca explicar el fenómeno político social que desembocara hacia finales de la primera parte del siglo XX
En su ensayo encontramos la presencia de Kant, autor cuyas lecturas y dialogo de la autora representan aspectos importantes de sus críticos trabajos. Así, pues, en ellos se manifiesta la reflexión kantiana, de la cual es evidente su estudio e influencia; aún cuando la perspectiva de Arendt señale otros horizontes filosóficos.
Contrastando ambos autores encontramos que Kant sitúa la libertad en la voluntad interna basada en el libre albedrío y la moralidad como expresión de la razón; mientras que Hannah Arendt sitúa la libertad en la acción pública y plural. Esta diferencia radica en que, la concepción de Arendt de la libertad no puede existir sólo en la voluntad, sino que es necesaria el ámbito de lo público y la interacción con otros, es decir, la pluralidad para manifestarse como “poder hacer”. El contraste se nos muestra complejo y las diferentes perspectiva del filosofar, a pesar de sus diferencias, no niega al otro, al contrario, lo profundiza haciendo de la reflexión de la autora un sustento de sus principales planteamientos.
En lo que a nosotros compete, dada la complejidad de la temática, abordaremos algunos rasgos de la filosofía de Arendt tomando en consideración algunos de los planteamientos kantianos en orden a la libertad y su filosofía.
La filósofa inicia su ensayo planteando que definir la Libertad “parece ser una empresa sin esperanza. En un sentido amplio la autora se vale del término dificultad para introducirse en la cuestión de la polémica y el proceso de abordaje de tal problemática en el contexto de la filosofía, La cuestión de la Libertad nos lleva a Kant quién la aborda de manera específica En la Crítica de la Razón Pura en la sección de la Dialéctica trascendental, donde analiza la razón en el hecho de buscar temas como Dios, el alma, principio del mundo, etc., sobrepasando los límites de la experiencia; cuestión que hemos abordado en la sección anterior.
Arendt plantea que el problema de la libertad tiene que ver con el problema de la filosofía. Problema que se manifiesta entre nuestra consciencia y nuestra consciente; es decir el pensamiento crítico y el dialogo interno de hombre que puede evitar la banalidad del mal, tal y como fue analizado en el caso del juicio al nazi alemán Adolf Eichmann. El consciente no es otra cosa que la actitud de “estar despierto” frente al conocimiento de los hechos sin reflexión moral, donde las personas no se cuestionan sus acciones.
Esta cuestión también la encontramos en la saciedad al considerar la Libertad como una verdad obvia. A partir de esa consideración, nos dice la autora, se dictan leyes,se toman decisiones y se aplican sentencias a individuos y comunidades humanas.
Kant asocia libertad a la causalidad y lo reflexiona desde la perspectiva Crítica o idealismo trascendental. Desde este enfoque concibe la libertad trascendental y sitúa la Libertad en la voluntad. La voluntad, entendida como causalidad es capaz de iniciar fenómenos sin estar causada por otro causa previa; es decir, como causa única. Dado que la voluntad se le define como autónoma, la razón práctica como auto-reguladora y obra según la ley moral o imperativo categórico, crea el fenómeno independiente de los impulsos sensibles.
Arendt se plantea que hay una antinomia entre libertad práctica y no libertad teórica, la cual representa una dicotomía presente en las experiencias cotidianas. La autora platea que nuestro yo es agente libre y queda bajo dos tipos de causalidad; una, la interna y otra la del principio de causalidad que gobierna el mundo exterior ( lo que Isaiah Berlin define como libertad positiva y negativa) Kant supera el escollo al diferenciar razón pura y razón práctica, cuyo eje es el libre albedrío, nos dice Hannah Arendt.
5. Realidad e ideología.
La realidad se nos da a partir de los sentidos que captan las determinaciones de los objetos que conforman el mundo. Determinación del objeto que se nos da como un caos que ordena nuestra mente a través de las formas a priori del Espacio y Tiempo. Se configura entonces, después de un proceso de la razón, la imagen de la realidad que tenemos a partir de conceptos. Estas imágenes de los hechos y circunstancias correspondientes a lo humano y su cotidianidad, sean inmediatas o históricas, impregnan el clima donde se engarza la mentalidad humana configurando el proceso vital de una comunidad dada, el imaginario político-cultural. Es decir, el conjunto de ideas, costumbres y formas convertidas en mitos que configuran la identidad de pueblos.
En este proceso de configuración de la identidad emergen valores propios o genuinos del proceso, como ideas generales que se comparten con otras que provienen de lo externo; tanto del orden político como de lo cultural. Factores diversos que se amalgaman configurando realidad en un proceso dinámico, cambiante; sin embargo, en esta dinámica de constitución de lo real, emerge la ideología. Captar la realidad implica entonces una especie de dialéctica de un proceso de lo establecido y lo por-venir que se produce en un proceso de confrontación.
En este marco surge entonces, diversas perspectivas en torno a la visión del mundo, donde intereses tanto individuales como colectivos se contrastan las cosmovisiones, que en muchos casos llega a conflicto. Estamos pues en la emergencia de la ideología, desde donde la realidad queda empañada; es decir, queda cubierta por una trama que impide ver la realidad en toda su profundidad y extensión. De esta manera nuestra cotidianidad social es vista desde la trama ideológica que decanta la realidad. Cuestión ésta que configura un problema central en orden a acceder a la verdad, cuestión que implica a la Filosofía Política.
Consideremos ahora, a la luz de esta afirmaciones que pretenden señalar la trama ideológica con que consideramos la realidad, unos rasgos generales que caracterizan lo identitario venezolano. Como ya hemos señalado al comienzo de este ensayo sólo señalaremos algunas de las constantes que emergen permanentemente en el desarrollo de lo social y su discurso.
- La modernidad venezolana llega con el petróleo y junto con él la relación imperial-neocolonial, que ha caracterizado al país en su historia última.
- El hecho de la independencia se ha mantenido presente en su desarrollo convertido en mito de pueblo libertario.
- La contradicción capital / trabajo, sumado al carácter neocolonial marca tanto la conciencia de clase como síndrome del carácter de dependencia del país.
- La explotación petrolera marcó una manera de ser del venezolano al desarrollarse en una sociedad marcada por la cultura del petróleo.
- El desarrollo social y político de la sociedad venezolana fue impulsada por el ímpetu de la economía petrolera y la modernidad, donde existió un desfase entre los hechos materiales y el hecho humano y su desarrollo.
- El contexto de la guerra fría y la confrontación EE.UU / URSS marco la dinámica político ideológica del país.
Somos un pueblo que entramos a la modernidad sin estar preparados, sin desarrollo social-humano. Fuimos arrastrados por el aluvión de lo moderno que nos trajo la cultura del petróleo. Es curioso algunas frases lapidarias de algunos de nuestros clásicos (¿o modernos?) autores venezolanos, como por ejemplo “El siglo XIX venezolano termino a mediados del siglo XX”; o el novelista mexicano Carlos Fuentes quién consideraba que “los latinoamericanos abordamos la modernidad negándonos a nosotros mismos”. Los cambios históricos, políticos y sociales de los venezolanos han sido tumultuosos desde el angulo de la historia.
Hemos abordado los temas de la modernidad sin haber vivido su desarrollo. Hemos tenido que aprender como subsistir en un mundo controlado y diseñado por otros, al mismo tiempo que se nos exigía comprender lo que otros ya habían vivido y reflexionado en torno a su experiencia vital histórica.
Hemos recorrido nuestra última historia reivindicando la libertad, principalmente aquella que Isaiah Berlín conceptualizaba como negativa. Nuestro desarrollo humano y social, podríamos decir, esta desfasado de la perspectiva de libertad que anunciara Inmanuel Kant. Es posible decir, tomando en cuenta criterios de tiempo histórico que estamos construyendo nuestro propio desarrollo, nuestra propia experiencia vital histórica desde donde podremos reflexionar, en tanto que pueblo, los grandes temas de la historia universal desde nuestro propio ámbito y experiencia.
En nuestro contexto la perspectiva de libertad de Hannah Arendt resulta pertinente en nuestro desarrollo, dice la autora “ La libertad es la "razón de ser" de la política. Solo se es libre cuando se actúa en concierto con otros para transformar el mundo”. Es nuestro desafío en tanto que pueblo joven.

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